Estudiantes, referéndum 1 de octubre

¡Ánimo y que sea lo que Cataluña quiera!

Los estudiantes como signo de regeneración democrática

Jordi mira distraídamente pasar los árboles, las casas y las estaciones por las que el tren S2 con destino a la Universidad Autónoma de Barcelona se desliza. Va distraído con sus cascos, y aunque sea día de huelga, debe ir a una hora de clase de una asignatura de la que se examina la semana que viene. Es de Mallorca y está de acuerdo con votar pero, «¿qué pasará con nuestros estudios? No sé, es algo en lo que prefiero no pararme a pensar». No obstante, se movilizará el domingo.

La quietud de un día de otoño asoma en la Universidad Autónoma de Barcelona. Demasiado tranquila para ser una de las principales instituciones educativas de Cataluña. La huelga, que ha sido respaldada entre un 80% y 90% de la comunidad estudiantil, se enfrenta a una nueva convocatoria el día 3 de octubre. La biblioteca está prácticamente vacía, y por los pasillos y los jardines pululan pequeños grupos.

Estudiantes, referéndum 1 de octubre

Sobre el césped descansan cinco chicas de Bioquímica cuyos nombres prefieren no dar. En la cafetería de la Plaza Cívica están otros cinco chicos: Jorge, Quim, Antón, Pol y Gonzalo, buscando algún punto en común. Mientras, Rogüina, Marta y Morena se toman un respiro para continuar la mañana.

El diálogo, la posición del Gobierno español y del Govern catalán, la vía pacífica y los medios, la incertidumbre son los temas comunes durante estos días, y los estudiantes quieren hablar, desean hablar y van a hablar.

Las cinco chicas están aquí debido a que la semana pasada decidieron hacer en clase una votación a mano alzada para elegir el día que iban a la huelga. Así no tendrán que recuperar tantas horas de teoría y no colmar el vaso casi lleno del horario académico.

«Votar, hay que votar, aunque no me parezca que sea un referéndum real». Es la única vía les ha dejado el Gobierno, alegan. Y es que, aunque entienden que este va a ser incierto, no terminan de comprender cómo se ha llegado a esta situación. «En vez de irse Rajoy a visitar a Trump, ¿por qué no estaba aquí dialogando con el Govern? Dime tú. ¿Y la legalidad? Legal no significa que sea correcto», y añade su interlocutora mirando al frente, «se supone que en una democracia la ley viene del pueblo, si todo el pueblo está a favor de una cosa no tiene porqué ser ilegal». Con tono irónico añade otra: «sólo por protestar aún más votaría que ‘sí’, a ver qué pasa».

Están en círculo con bocadillo en mano. Comenzaron a alzar la voz pero vuelven en seguida a la calma, los nervios están templados pero saltan como cerillas. Se saben amigas y se toman su tiempo para que no se las malentienda.

Hay una asturiana en el grupo. Pide la palabra. Habla desde su experiencia personal, de cómo ha vivido el catalanismo desde que salió de su tierra natal para verse inmersa en este torbellino. «Los medios han hecho mucho daño a la percepción que tenemos de Cataluña. Tú estás fuera y ves que los manifestantes lo rompen todo, que es como si fuera que son sólo tres personas las que quieren la independencia y, además, por la fuerza, que da igual todo, tanto el porcentaje como las maneras. Había gente de mi círculo que me decía: ¿cómo vas a ir? Si es que te estás metiendo en una guerra. Y yo esperaba que no. Ahora lo veo de otra manera. Se manifiestan, piden votar, pero no a cualquier precio sino de una manera pacífica. Yo no tengo porqué imponerles que no lo hagan».

Sin embargo, otra compañera de camisa blanca declara: «Yo me siento española, y también catalana. Lo que no me gusta es esta sensación de decir a la independencia pero avergonzarme de mi bandera. No hay que confundir, y se está haciendo, ser español con ser facha». Pero, a pesar de la campaña del , ha echado de menos que «los partidos de la oposición, los del no, hubieran hecho algo. Si crees en la democracia has de ir a votar, aunque sea no, pero has de ir a votar. Sin embargo, no se han movilizado lo suficiente». La foránea actúa como un observador internacional: «creo que tiene más que ver con el hecho de que, con todo lo que ha hecho el Gobierno, si de alguna manera te identificas como español es como si lo estuvieras apoyando».

La intervención aérea, las cuentas, las 14 detenciones…

Estudiantes, referéndum CataluñaNinguna sabe qué va a pasar, si van a tener clase el lunes o si alguno de los dos bandos cederá antes del domingo. «Eso sí, habrá gente haciendo cola en los colegios electorales». Ellas mismas lo harán desde primera hora de la mañana, a pesar de la amenaza de multas o los posibles disturbios que pueda haber. «Hace tres años llegan a un pacto, hacen el referéndum y hubiera salido no, lo tengo clarísimo, pero, ¿ahora?».

La solución es tajante: «que haya elecciones y se elija a otro Gobierno». Sus ojos se abren estupefactos ante la negativa de diálogo, «es como cuando se decía No hablo con terroristas, pues ahora es No hablo con independentistas, y no se puede olvidar que, por ahora, seguimos formando parte de España, ¿no?».

   -Hay que votar.

   -Y si se hace que se haga bien…

   -Pero es que no nos dejan hacerlo bien.

   -Ya…

   -Es que esta es la única manera.

   -Exacto.

   -Quizá se da cuenta el Gobierno español con la gente que vote que “sí” que hay que hacer algo.

Terminan así una conversación que se repite como un mantra a menos de 24 horas del referéndum. Rogüina añadiría que estamos en un limbo. Ella y sus dos compañeras son de fuera de Cataluña, de Alicante, Madrid y Mallorca respectivamente, y coinciden en legitimar este proceso. Sin embargo, hubieran esperado un poco más. Destacan la campaña de hispanofobia que se ha lanzado estos últimos días desde el PP y Ciudadanos. «¿Hispanofobia? ¿Acaso no ha habido catalafonobia todos estos años? Aquí no te miran mal por hablar castellano o ser español». Pero se tienen que ir a clase, «nos preocupa que nuestros estudios sigan teniendo validez, queremos saber qué va a pasar con el sistema educativo pero… veremos qué pasa», dice Morena. Con una sonrisa Marta alza las manos y se despide con un «ánimo y que sea lo Cataluña quiera».

Estudiantes, Universidad de Barcelona, referéndum 1 de octubre«Cuando no tienes otra opción…». Las opciones han dejado de ser variadas en los múltiples contextos que se presentan. Quim, que se declara independentista, aclara: «No estamos en plan chulo. Si el Gobierno viniera y dijera que quiere pactar un referéndum, por mi sí. Es que se ha propuesto el diálogo hasta el último minuto. Es un problema de la visión de la política española». Lejos de saber qué quieren, lo que sí tienen claro es que «se han dado muchas oportunidades para que nos dejen sentirnos incluidos, ahora lo que queremos es una solución total, y me da que a estas alturas no va a ser el estado federal. Después de todo este paripé me resulta tarde».

Pronto, tarde, temprano o perdido. Los tiempos son cruciales, y la juventud vive enmarcada en el presente. Burbujea energía, y calma. Gonzalo recuerda cómo el jueves, en vez de los usuales piquetes que suelen formarse para frenar la llegada del alumnado bloqueando entrada de clase o salidas de la estación, estos se han sentado y han ido repartiendo panfletos a aquel que quisiera para informarles sobre por qué no deberían estar allí, en la UAB, presentes. “Cero violencia”.

Antón es de Galicia, una de las históricas naciones que se queda en el último vagón del tren del independentismo si lo comparamos con el catalán o el vasco. «Personalmente, me da cierta envidia ver cómo el pueblo catalán lucha por lo suyo, se enorgullecen de su identidad, siempre de manera pacífica. No sé a qué esperamos los demás, ya no desde un punto de vista nacionalista sino de ennoblecimiento de lo propio«. Y «aunque parezca que haya fines que lo validan todo –como las puertas traseras que te permiten saltarte cosas, como lo que está ocurriendo con el artículo 155- no por eso voy a perder la cordura y tachar de ‘hijo de puta’ a alguien con una bandera española. Los llamaría fachas si llevaran la bandera con el aguilucho, y con razón», dice Pol. Les concedemos unas líneas a ellos, quienes desean dejar una última declaración:

Quim: Deseo dejarle claro lo siguiente a los medios de comunicación: los catalanes, aunque nos queremos independizar, no odiamos a los españoles. Tenemos amigos, familiares, gente querida que es española, queremos a los españoles. Eso no va a cambiar. Queremos que lo tengan muy claro a pesar de que nos vayamos. Pero, políticamente es una porquería…

Jorge: Estamos viviendo un momento histórico, único e inolvidable. Ya se verá qué pasa, y más adelante, con calma y con objetividad, espero que se puedan ver tanto las virtudes como los defectos que han tenido estos acontecimientos.

Gonzalo: A mí me gustaría que en vez de separarnos hubiera más unión entre Cataluña y España y así eliminar esta lacra de Gobierno. Porque por culpa de esto no hablamos de corrupción, crisis, y sólo se habla de “puta España”, “puta Cataluña”… Así que a ver si de una vez por todas avanzamos como país, joder.

En la Universidad de Barcelona es media tarde. Muchos están descansando, preparando las movilizaciones de las siguientes horas y recibiendo a los medios de comunicación que viven apostados entre los arcos del antiguo edificio. Orgánico, distinto, nadie hubiera apostado por la organización asamblearia, la cual ha dado sus frutos.

Estudiantes, Universidad de Barcelona, referéndum 1 de octubre

Félix Simón, uno de los cuatro promotores de la iniciativa de Fam de Llibertat seguramente es la persona de más edad que se encuentra entre estas cuatro paredes. Hace cinco días que decidió tomar partida en esta lucha de una manera muy particular. Sus ojos azules son reflejo del cartel que lo acompaña a donde quiera que va. «Es una cuestión de ayuno espiritual, casi mental, es un gesto que va a favor de la libertad, primero de la personal y a la vez, al hacerlo de manera colectiva, es una demostración humana de no hacer actos violentos». Sirve, en sus propias palabras, para encarar este clima de opresión. «Un planteamiento que se sirve de que somos un pueblo, el conjunto de un Parlamento y de un Gobierno que nos ha demostrado su honradez en contra de la hegemonía del estado español».

La experiencia no le ha quitado ni un ápice de arrojo a Félix, que cerca de los setenta años, ha iniciado un «movimiento al estilo de Gandhi». No hay barrera de edad. Y la casualidad convirtió la sentada que inicialmente iban a realizar en el Paseo de Lluís Companys en un ofrecimiento en la propia Universidad para continuar con su acción.

Cuenta una anécdota relacionada con el paso de los tractores de los payeses: «Cuando pasaban los tractores esta mañana, se abrió una ventana de un bajo y salió una persona al grito de ¡Viva España!. Se hizo un segundo de silencio y, de repente, todo el mundo empezó a aplaudir. Claro, a ese hombre lo hemos desarmado. ¿Por qué? Porque en el fondo se le está diciendo que hay libertad de expresión».

Estudiantes, referéndum 1 de Octubre

Si quieres comer, ¡ocupa! Ese es el mensaje pintado en un trozo de cartón que acompaña a manzanas, garrafas de agua y cajas y cajas de comida que han ido almacenando durante estos días. Las pancartas cuelgan de los balcones y de los árboles cuelgan esteladas que ondean al viento. Votar es democracia.

Jordi Vives, portavoz de la Asamblea Universidades por la República, habla con cualquier medio o persona que esté dispuesto a escucharle:

¿Cuáles son los objetivos de la Asamblea?

Hemos decidido quedarnos aquí para reivindicar que estamos del lado del pueblo catalán y acompañarlo así hasta el 1 de octubre. Y vamos a hacer esa campaña que el Estado español no nos ha dejado hacer con normalidad. Ayudamos a la gente en la entrada avisándoles de dónde tienen que ir a votar, dándoles papeletas, también material de campaña y hemos convocado una huelga para simbolizar que todos los jóvenes y estudiantes salgan a la calle para hacer esta campaña.

Por ahora, ¿han recibido algún apercibimiento?

No, por ahora hemos actuado con mucha normalidad. De momento, tanto de los Mossos d’Escuadra como de la Guardia Urbana, hemos recibido un trato exquisito y ha habido muy buena relación. No se han acercado, ni creo que se acerquen a las urnas.

Hacia el 1-0, ¿hay algún tiempo de posicionamiento?

Daremos según la situación una respuesta concreta. Y en cuanto a la campaña, hay una clara posición del por la conformación del espacio. La respuesta de los jóvenes ha sido muy bien respaldada, la manifestación ha sido la más grande que se recuerda. Y según lo que pase, convocaremos o no la huelga del día 3 de octubre, aunque esperaremos a ver cómo transcurre la jornada electoral. Nuestro mensaje es: se debe escuchar lo que diga este domingo el pueblo catalán, y que se respete.

Otro día más tocará quedarse, pero Martina, Joan y Berta se han ido turnando. Desde una hasta cinco noches han custodiado las instalaciones de la UB. Creen que merece la pena seguir aquí. «Sobre todo estamos ocupándola por cuestiones de organización y tener un sitio para recurrir en cualquier momento en el que necesitemos refugiarnos o buscar soluciones», otras de las razones es la organización. «Nos sentamos, y cuando uno se levanta habla y propone qué ruta de guía llevar. Puntos de vista diferentes y así acercarnos a la gente y hacer propaganda de la votación».

Estudiantes, referéndum 1 de octubre, Cataluña

Todos tienen un papel, cuenta esta cadena humana que va desde la asamblea hasta la limpieza de los espacios. «La lucha pacífica reside en la resistencia, nunca la ha liado nadie, venimos para pedir lo que queremos sin realizar ninguna acción violenta». Imprimir papeletas, colgar carteles, trabajar la opinión de cada una de las comisiones para que ninguno se sienta impelido a callarse.

«A mí me ha encantado estar aquí, me he sentido involucrada», decía Martina. «Estoy aprovechando hasta el último día, así que ya que hay mucha gente aquí, iremos al pueblo a defender el colegio electoral, pase lo que pase».

Se involucran en el proceso de engranaje, a pesar y a razón de la juventud que se desprende de las paredes de la UB. Una esperanza que queda entre los recovecos de la sociedad catalana, y española.

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