Momias, carbono 14, El Museo Canario

Indagando en el tiempo. Momias, cráneos y carbono 14

Que nos digan que los restos de un aborigen de Gran Canaria amortajado con pieles corresponden al siglo V después de Cristo puede ser un dato que olvidemos en cuanto terminemos de leer estas líneas. Pero si nos indican que hay otros restos con idéntico tratamiento funerario en el siglo XIV, y que ello refleja cómo determinadas prácticas mortuorias se mantienen en el tiempo, formando parte de una tradición funeraria reglada entre los antiguos canarios, entonces es probable que esta información no la borremos tan fácilmente como en el caso anterior.

Quizá sea este uno de los muchos ejemplos que nos permitan entender para qué datamos en arqueología. Lejos de concebirse como elementos aislados, las dataciones deben ser afrontadas como una herramienta más que ayude a responder a los interrogantes formulados en los diferentes trabajos de investigación emprendidos, contribuyendo a conocer y comprender mejor cómo vivieron las sociedades del pasado. En este sentido resulta trascendental la selección de lo que datamos, pues de otra manera podríamos llevar el dato cronológico hacia la irrelevancia o incluso hacia su invalidez[1].

Sin embargo, curiosamente el tiempo y su discurrir ha sido uno de los aspectos que más ha costado incorporar de una manera regular en el estudio de las sociedad prehispánica de Gran Canaria, pese a que resulte harto complicado pensar en una población que permanezca inmutable durante al menos 1500 años de historia, que es el lapso en el que estos grupos humanos debieron de estar habitando el archipiélago desde su arribada a él hasta el momento de la conquista castellana en el siglo XV. Diversas podrían ser las razones a esgrimir a la hora de explicar por qué las cronologías –y con ellas el tiempo– no han sido integradas de manera sistemática en la reconstrucción del pasado indígena más allá de su mera referencia aislada. Lo cierto es que en la actualidad ya no nos quedan excusas para no imbricar el tiempo en nuestro acercamiento a la sociedad prehispánica y poder ofrecer una explicación verdaderamente histórica de ella. Es esta una tarea sin duda complicada pero no imposible, como de hecho ha empezado a demostrarse en los últimos años. Y es que efectivamente en las últimas décadas han proliferado las dataciones aportadas en el marco de los trabajos de excavaciones arqueológicas de yacimientos, observándose una preocupación creciente por indagar en el desarrollo histórico de las poblaciones que ocuparon y generaron tales enclaves. Ello se ha plasmado en publicaciones de artículos y tesis doctorales (por ejemplo Alberto, 2014; Morales, 2010; Pino, 2013; Santana, 2011; Velasco, 2014) en los que ya se hacen presentes análisis con perspectivas temporales, y que permiten reflexionar y apreciar que a lo largo del periodo prehispánico existieron cambios y permanencias, mostrando así una realidad social dinámica a la par que compleja.

Consciente de todo ello, El Museo Canario tiene también como una de sus premisas indagar con perspectiva temporal en la sociedad de los canarios a través de los proyectos en los que en la actualidad se encuentra trabajando, e inscribir las manifestaciones que analiza en los contextos temporales en los que tuvieron lugar. En este marco El Museo Canario ha llevado a cabo una serie de dataciones destinadas a nutrir dos de los trabajos de investigación que tiene en curso, en un intento por ahondar en los procesos sociales protagonizados por los antiguos canarios.

 

GESTOS FUNERARIOS Y CARBONO 14

Los análisis efectuados en el marco del programa “Estudio de la colección de restos humanos momificados de El Museo Canario”[2] están permitiendo acceder a múltiples aspectos de la sociedad de los antiguos canarios, desde la manera en la que el cadáver era preparado antes de su depósito en el cementerio hasta las diversas patologías que afectaron a estas personas como reflejo de unas particulares condiciones y formas de vida. De ello dan testimonio las diferentes fichas arqueológicas de este programa “La Pieza del Mes” que han sido publicadas a lo largo del año 2017.

En el marco de este estudio se ha llevado a cabo también la datación mediante Carbono 14 de una parte de las momias que conserva la entidad. Con estas cronologías se ha pretendido contextualizar en el tiempo a cada uno de los individuos estudiados y toda la información que es capaz de aportar, tratando a la vez de dar respuesta a algunos de los nuevos interrogantes surgidos a lo largo de este proyecto.

Momias, El Museo Canario, Carbono 14
Toma de muestra para datación radiocarbónica de la momia número 16, correspondiente a un infantil femenino.

Si bien muchas de las cuestiones que estos datos cronológicos aportan a la interpretación histórica del pasado indígena serán objeto de un desarrollo más profundo en próximas publicaciones, vamos a presentar aquí brevemente algunos de los aspectos en los que hemos tratado de ahondar a partir de ellos.

En primer lugar, las fechas que nos aportan las momias nos permiten valorar cuestiones relativas al tratamiento funerario del cadáver. Así, si atendemos a las fechas obtenidas, vemos que una parte mayoritaria de las momias datadas se ubica en un arco temporal que abarca desde el siglo V después de Cristo hasta el siglo VIII. El amortajamiento del difunto con pieles y/o esteras de junco, dispuesto en decúbito supino extendido, parece ser la norma para estos restos momificados que custodia el museo, independientemente del lugar del que procedan. Esta práctica se identifica también en todas y cada una de las necrópolis intervenidas en la isla con dataciones intermedias y más recientes. De esta manera, las cronologías aportadas permiten afirmar que al menos desde el siglo V-VI, en el que se inscribe la momia 8 del museo, hasta el siglo XV, los canarios prepararon a sus muertos siguiendo unos mismos principios de disposición y amortajamiento. Se trata de un patrón recurrente a lo largo de los siglos, formando parte de una tradición funeraria reglada, pues no se documentan variaciones en la manera de preparar el cadáver a lo largo de las fechas que arrojan las momias y el resto de sepulturas excavadas en la isla.

Y si es cierto que los difuntos fueron preparados siguiendo unas pautas estandarizadas, ello no impide el reconocimiento de elementos que introducen diferencias entre unos y otros. La complejidad de la mortaja que los envuelve, el lugar en el que son depositados dentro del cementerio o las características de la sepultura que los acoge se presentan como marcadores de desiguales consideraciones sociales hacia el difunto. En este marco se aprecian otros elementos que tal vez pudieran inscribirse en la misma idea de una materialización en el ámbito funerario del papel social de la persona, y que hasta el momento han recibido una muy escasa atención. Nos referimos a ciertos muertos acompañados por objetos singulares. A lo largo del proyecto de investigación en torno a las momias se han podido detectar gestos funerarios que no están generalizados y que atañen sólo a determinados individuos. Es el caso de la presencia de algunos huesos humanos que acompañan al cadáver y que no le corresponden anatómicamente, o incluso de piezas dentarias de perro con las que el cadáver amortajado. La interpretación de tales elementos, especialmente en el caso de los huesos humanos, requiere conocer el periodo temporal en el que se inscribieron, pues el significado de tales prácticas puede ser ciertamente diferente según el momento anterior, coetáneo o posterior al que correspondan con respecto al difunto al que acompañan.

En lo que se refiere a los huesos humanos “sueltos”, su significación viene dificultada por la escasa información disponible en cuanto a los contextos y circunstancias de hallazgo de los amortajados que los portan, recuperados en su totalidad entre fines del siglo XIX y la década de 1930 siguiendo unos criterios arqueológicos con importantes limitaciones metodológicas. En este sentido, podría plantearse que la incorporación de huesos ajenos al cadáver amortajado pudiera haber tenido lugar en el momento de recuperación de las momias –labor de recopilación que en estas fechas no era infrecuente dejar en manos de “enriscadores” avezados en el ascenso a cuevas de complicado acceso–. Sin embargo, abordar las hipótesis interpretativas de tales asociaciones requiere plantear también la posibilidad de encontrarnos ante las evidencias de unos gestos funerarios intencionales, que formaran parte de las prácticas rituales prehispánicas.

Un gesto ritual de tales características podría dirigirse a vincular determinados muertos con algunos restos óseos de sus ancestros. Esta práctica no sería extraña teniendo en cuenta la representación de la estructura social que los espacios cementeriales semejan proyectar (ordenación de sepulturas, arquitecturas, tratamiento conferido a los cadáveres…). No en vano, la importancia que los antepasados debieron de poseer en la reproducción social de los vivos queda también materializada en una estrecha convivencia física entre los espacios de los muertos y de los vivos. De esta manera, el ejercicio de unas prácticas que asociaran a ciertos muertos con sus ancestros podría evidenciar la construcción de una memoria social en la que tuviera lugar la reafirmación de la preeminencia de ciertos linajes o la pretensión de evidenciar la pertenencia a ciertos grupos de descendencia. Ello podría explicar que la incorporación de huesos sueltos al cadáver de una persona no fuera una conducta generalizada. En este sentido, la especificidad de esta pauta sería en sí un elemento que explicaría el sentido y significación de tal acto ritual.

Las dataciones obtenidas para estos huesos y las momias a las que se asocian, una vez sometidas a análisis estadísticos, apuntan a que la propuesta de unos restos óseos incorporados como reliquias es posible, observándose un patrón de conducta en cuanto a la relación cronológica entre la momia y los huesos sueltos semejante en todos los casos, por su coetaneidad o por estar separadas por un corto margen temporal. Estamos, pues, ante una evidencia más de la trascendencia de los ancestros, o al menos de una parte de ellos, en la configuración sociocultural de los antiguos canarios.

Por otra parte, el estudio de las momias ha puesto también de manifiesto la presencia de otro tipo de materiales asociados al cadáver, concretamente restos de perros. La incorporación del perro en recintos sepulcrales es un hecho ya documentado en la población prehispánica de Tenerife (Alberto, 1998), si bien en Gran Canaria las piezas dentarias halladas en dos de las momias constituyen las primeras evidencias fehacientes de tales prácticas. Dado el interés que ello representa para el conocimiento de las tradiciones funerarias de los antiguos canarios, se procedió a la datación de una de las momias con pieza dentaria de cánido (momia 11), al tiempo que se abordó la datación de los restos de un cráneo de perro que el museo conserva y expone en una de sus salas, el cual, según documentación administrativa de la entidad, fue recuperado en el interior de una cavidad funeraria en el barranco de Guayadeque. Las cronologías obtenidas confirmaron la adscripción prehispánica de tales restos, poniendo de manifiesto la participación del perro en los rituales sepulcrales aborígenes y por extensión el papel simbólico conferido a este animal en el ámbito de las creencias.

En definitiva, las prácticas descritas apuntan a la existencia de unos gestos, dentro del ritual funerario aborigen, particulares, reservados sólo a algunos individuos. Tales prácticas debieron de constituir así un reflejo de las personalidades e identidades sociales de los difuntos a los que se aplicaron. Estas especificidades no pueden entenderse sino como el producto de unas convenciones sociales, de unas conductas socialmente regladas. En esta misma línea podrían interpretarse también otras manifestaciones, como el depósito de cerámicas en tres de las sepulturas del túmulo de El Agujero, que ya fueron objeto de la pieza del mes de marzo. Todo ello no hace sino reforzar el significado de las prácticas funerarias como productos netamente sociales, al tiempo que se pone de manifiesto su complejidad.

 

ARTICULANDO EL TIEMPO

Por otra parte, si la serie de dataciones aquí abordada se integra con el resto de fechas disponibles para el periodo prehispánico de Gran Canaria (http://dataciones.grancanariapatrimonio.com), llama la atención que las fechas más tempranas (descartando aquellas obtenidas a partir de madera o carbón) no se retrotraen a momentos anteriores al siglo V y que, además, estas se concentran en áreas de la isla retiradas del litoral, como es el caso de enclaves de Acusa, de Guayadeque o La Fortaleza en Santa Lucía de Tirajana. A medida que el tiempo avanza, se aprecia la aparición de yacimientos que van ocupando nuevos espacios, siendo especialmente a partir del siglo XI cuando la línea de costa aparece densamente habitada (Velasco, 2014). Las dataciones radiocarbónicas nos permiten así atisbar la manera en la que la sociedad aborigen fue habitando el territorio insular y extendiéndose por su geografía, reflejo también de momentos de importante crecimiento poblacional.

En paralelo, otros datos nos obligan a cuestionar la imagen de una sociedad caracterizada por la estabilidad dentro de una trayectoria de desarrollo lineal. Los análisis abordados por el museo en el marco de otro proyecto centrado en las evidencias de violencia en los restos óseos de los antiguos canarios dejan entrever la existencia de lo que podríamos calificar como “transiciones inestables”, en cuya aparición podrían haber intervenido factores diferentes relacionados tal vez con un intento de reestructuración del sistema social ante situaciones como un marcado crecimiento poblacional, condiciones medioambientales adversas o la propia confrontación u oposición social a las estructuras de poder dominante. La mejor evidencia es el hallazgo de un grupo de población integrado por trece individuos de diferentes edades y sexos, depositados en una cueva funeraria de Guayadeque, que se vieron afectados, en un elevado porcentaje, por traumatismos relacionados con la violencia. Parte de esta violencia resultó letal, y por las dataciones obtenidas sobre varios de los individuos (registros 86, 1439, 1440) podemos afirmar que fue producto de un mismo evento (Tabla 1). Ello contrasta con otras muestras analizadas en las que la violencia interpersonal y no letal es el modelo de enfrentamiento más habitual.

Son muchos los temas, apenas esbozados en estas páginas, que serán presentados y tratados con la profundidad que requieren en próximas publicaciones. No se ha pretendido ofrecer ahora un desarrollo profundo de los mismos sino mostrar cómo la datación constituye una herramienta cuya aplicación y uso debe dirigirse a contribuir a la reconstrucción de las dinámicas y procesos históricos de la sociedad que se estudia. En los casos presentados, no cabe duda de que los hechos descritos y su contextualización temporal dibujan continuidades pero también comportamientos heterogéneos y discontinuidades en el paisaje arqueológico de los antiguos canarios, aportando nuevos datos y miradas en torno al pasado prehispánico de la isla.

Con estos proyectos y las dataciones llevadas a cabo se pone de manifiesto el indudable valor que para el conocimiento de las formas de vida de los canarios encierran aún los materiales indígenas que en el pasado ingresaron en El Museo Canario, pese a los problemas de información contextual a los que unos deficientes métodos de excavación arqueológica, propios de la época, los abocaron. Su incorporación a proyectos de investigación del presente es una apuesta por ir más allá de los catálogos descriptivos y positivistas a los que en ocasiones han quedado relegados los materiales arqueológicos de esa naturaleza.

Momias, carbono 14, El Museo Canario

 

Momias, carbono 14, El Museo Canario


NOTAS A PIE

[1] Este último es el caso de las fechas radiocarbónicas que hasta no hace muchas décadas se realizaron sobre materiales de vida larga o de posible uso retardado, como el caso de la madera, que pueden envejecer erróneamente el contexto que estamos datando. Es por eso por lo que en la actualidad resulta preferible descartar las fechas obtenidas a partir de ese tipo de materiales, que son en muchos casos, y como cabría esperar, las que han proporcionado las fechas más antiguas.

[2] Este trabajo está siendo abordado por El Museo Canario desde una perspectiva interdisciplinar que enriquece notablemente la información aportada por las momias. Es por ello por lo que colaboran con el museo investigadores especializados en diferentes líneas (entre otros, V. Alberto, J. Velasco, N. López o A. Brito).


BIBLIOGRAFÍA

ALBERTO BARROSO, V. “Ritos y animales en las prácticas funerarias prehistóricas de Tenerife”. En: F. MORALES PADRÓN (coord.). XIII Coloquio de historia canario-americana. Las Palmas de Gran Canaria: Cabildo Insular de Gran Canaria, 1998, pp. 1857-1868.

ALBERTO BARROSO, V. “El tiempo eterno: la necrópolis y el carbono 14”. Boletín electrónico de Patrimonio Histórico, 2 (Las Palmas de Gran Canaria, 2014), pp. 21-24. Disponible en línea en: http://bit.ly/2BiSND1.

McGLADE, J. “Arqueología, dinámica no lineal y discurso histórico”. Trabajos de prehistoria, 56, n.º 2 (Madrid, 1999), pp. 5-18.

MORALES MATEOS, J. El uso de las plantas en la prehistoria de Gran Canaria: ecología, agricultura y alimentación. Gran Canaria: Cabildo Insular de Gran Canaria, 2010.

PINO CURBELO, M. del. Caracterización de la cerámica elaborada a mano en la Gran Canaria prehispánica: un acercamiento etnoarqueológico y arqueométrico. Tesis doctoral. Las Palmas de Gran Canaria: Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 2013.

RUBINOS PÉREZ, A. “Límites de la geocronología en el estudio de yacimientos de época histórica”. Munibe, 60 (Donostia, 2009), pp. 331-347.

SANTANA CABRERA, J. El trabajo fosilizado: patrón cotidiano de actividad física y organización social del trabajo en la Gran Canaria prehispánica. Tesis doctoral. Las Palmas de Gran Canaria: Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 2011.

VELASCO VÁZQUEZ, J. “El tiempo de los antiguos canarios”. Boletín electrónico de Patrimonio Histórico, n.º 2 (Las Palmas de Gran Canaria, 2014), pp. 12-15. Disponible en línea en: http://bit.ly/2BiSND1.

Autora de la ficha: Teresa Delgado Darias (Conservadora de El Museo Canario)

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  • El Museo Canario

    Asociación científica y cultural, de titularidad privada y con participación pública en su financiación. Su misión es velar por la conservación, estudio, difusión e incremento tanto de sus colecciones de material arqueológico de Gran Canaria como del patrimonio documental canario o de interés para el archipiélago. Sus recursos están al servicio de toda la sociedad a través de un museo de arqueología y de un centro de documentación que incluye biblioteca, hemeroteca y archivo.

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