Sanidad, sanidad digna ya, Hospital Dr. Negrín

Carta abierta de un familiar a los sanitarios, médicos, auxiliares, limpiadores…

Estimado [email protected]:

Necesito pedirte,… no,… rogarte que no pierdas la esperanza, que no dejes que la desazón invada tu corazón y tu espíritu. Que mantengas el amor y la pasión por tu trabajo.

He pasado un mes en el hospital Dr. Negrín y en unas fechas tan señaladas como la Navidad, y te he visto. Te he visto tras un gesto de ánimo, una palabra de comprensión, pero sobre todo la bondad mientras desarrollabas tu trabajo. No voy a decir nombres, tú sabes que hablo de ti.

Sé que luchas contra el sistema, que el sistema  y la organización falla, que no les permite desarrollar vuestro trabajo en condiciones medianamente optimas, pero,… por favor, no tires la toalla.

Sé que además luchas contra algunos de tus compañeros, esos que en algún momento olvidaron el camino, lo que significaba su profesión: Atender a personas.

Y tú, querido [email protected], también pagas las consecuencias de la pérdida de confianza y el conflicto que generan estos en tu ambiente laboral, y aún así lo sabes llevar.

Tú, que hablas con los pacientes y familiares, que sobre todos los escuchas y no discutes, como otros si hacen, si el paciente ha tenido un ictus por la mañana, porque no le aparece en el sistema informático. Un sistema que saben a ciencia cierta que falla un día si y otro también.

Tú, que no permites que un ser humano se pase una hora sufriendo sin necesidad porque buscas al médico donde sea si no está clara la prescripción.

Tú, que no duplicas medicación porque, si hay varios departamentos con el caso, te aseguras bien de leer y entender lo que pone.

Tú, que no hablas a los pacientes como si fueran niñ@s que se portan mal si, después de media hora esperando, el paciente sin movilidad no ha podido aguantar el pis.

Tú, que te aseguras bien de los resultados de las pruebas antes de arriesgarte a un mal diagnóstico (para lo bueno y para lo malo), y a no multiplicar así exponencialmente una desgraciada situación medico/familiar.

Tú, que si no te envían los resultados de laboratorio en tiempo y forma te molestas en reclamarlos.

Tú, que no hablas a los pacientes como si no pudieran entender siquiera un atisbo de lo que dices, despreciando su inteligencia, y por tanto sus derechos, no proporcionando la información adecuada.

Tú, que no utilizas tu posición para amedrentar a familiares del paciente, que no agredes de esta manera psicológica a quién se encuentra en situación de desamparo sometiéndolo cuando no le queda más remedio que poner la vida de este familiar en tus manos, y no precisamente porque le hayan proporcionado convencimiento o seguridad. Evitándote así cualquier conflicto o reclamación en su contra: Impunidad Total.

A ti, que nunca permitirías que a un familiar,… que digo,… a un ser humano, lo traten de esta manera. TE RUEGO que aguantes.
Muchos luchamos por ti, por una sanidad digna, si tú desapareces,… todo estará perdido.

A.G.P.

P.D.     Este escrito lo realizo tras convivir durante un mes en el Hospital Dr. Negrín, en la 5ª planta. Aunque relato situaciones vividas, la esencia de la carta es real. Sé que hay sanitarios que nunca se comportarían así, que se ven perjudicados por sus propios compañeros, y a éstos les digo nuevamente: Sé que estáis ahí, sé que lucháis, pero no permitáis que esos compañeros continúen destrozando la Sanidad y la esencia de vuestra profesión.

Mención aparte tendrían esos supervisores, directores, etc. que se escudan bajo el ‘no hay reclamaciones’. Cuando no hay más que abrir los ojos para ver que las cosas no se están haciendo bien. Se lavan las manos, cuando saben perfectamente, no ya que estas reclamaciones existen, sino que si no hay más, es por que la vida misma y atender al enfermo vale mucho más que perder el tiempo realizándolas. Y aquí fallamos los familiares. Hay que reclamar, reclamar y reclamar una: ¡¡¡SANIDAD DIGNA YA!!!

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  • Revista 7iM

    Comenzamos a tramar esta locura hace un año, animados por un puñado de amigos que nos susurraban al oído que la idea era buena, que el propósito era exagerado pero fascinante, que por lo menos diéramos el paso y que luego ya veríamos; que a veces las aves milenarias se dejan ver.

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