Nicolás Estévanez, Pensamientos Revolucionarios, Mateo Morral, Carlos Álvarez

Un autorretrato, tres retratos y una sospecha

Nicolás Estévanez es un personaje singular, contradictorio, fascinante; fue militar, conspirador y alzado en armas a favor de la república, ministro de Guerra, poeta…

“Si hay hombres de doble naturaleza, yo la tengo triple. Siempre alientan en mí tres distintas personas, por mi mal inseparables: el hombre… humano (de alguna manera he de decirlo), el revolucionario irreductible y el soldado viejo”. Así se retrata Nicolás Estévanez en sus Memorias.

Pío Baroja lo hizo en varios escritos: “Don Nicolás Estévanez era un buen amigo mío. En las temporadas que iba a París solía verle todas las tardes en el café de Flora, del bulevar Saint-Germain. Cuando escribí Los últimos románticos y Las tragedias grotescas, Estévanez me daba indicaciones y datos de la vida de París durante el segundo Imperio. (…) Lo estoy viendo en el café de Flora, con sus ojos azules, su perilla larga y blanca y sus mejillas todavía sonrosadas, siempre tranquilo y flemático.”

Federico Urales, pseudónimo de Juan Montseny Carret, dejó el siguiente retrato de Estévanez en el prólogo de la primera edición de los Pensamientos revolucionarios: “Le conocí ya de viejo. Nos frecuentaba a menudo cuando vivíamos en Madrid, algunas veces con el abnegado Fermín Salvochea, su amigo en ideas y en espíritu revolucionario. Sospeché que andaba muy mal de dinero el pobre. Había rehusado los honores de la Cruz de San Fernando, supremo honor en el ejército español del que formara parte. Había, también, rehusado a los honores y a los pagos de su grado de brigadier y a su paga de ex-ministro del Estado español. Y ya de viejo, había de vivir de su pluma con la escasez propia de que, en España, viven las plumas independientes. Era alto y bien plantado, como Galdós y Guimerá, también canarios. Era un hombre cordial, sencillo, modesto, gracioso, dicharachero. En fin, era un hombre.”

Secundino Delgado también lo describió en su primer encuentro: “Lo vi y lo amé. Es un anciano corpulento, nervudo, de mirada franca; revela una voluntad poderosa, como poderosa es su naturaleza física, tiene grandes bigotes blancos y retorcidos, una perilla larga exuberante y también muy blanca. De ademanes desenvueltos, como los de un gran jefe; noble a veces y fiero a ratos. Viste de negro y cubre su traje un abrigo oscuro.”

Este libro recoge las entrevistas que Mateo Morral hizo a Nicolás Estévanez en su exilio en París.

Mateo Morral poco tiempo después de publicar el libro, lanzó una bomba contra Alfonso XIII, en Madrid, el día de su boda. Los monarcas no sufrieron daño alguno, pero en el atentado murieron veinticinco personas y un centenar resultaron heridas.

A Estévanez se le relacionó con el atentado. El más explícito, además de algunos informes policiales, fue Pío Baroja: “Una vez día le vi exaltado. Fue un día en que Javier Bueno y yo le encontramos en un café de la avenida de Orleans. Bueno le preguntó a cerca del atentado de Morral, y Estévanez se descompuso. Luego un anarquista me dijo que la bomba que lanzó Morral en Madrid la había llevado Estévanez desde París a Barcelona, en donde se embarcó para Cuba…”

“En el asunto de Mateo Morral debió intervenir mucha gente, y entre ellos don Nicolás Estévanez. A mí me sorprendió mucho esto porque no comprendía que un hombre inteligente y con un sentido claro de la vida pudiese intervenir en una cosa así.
Y, sin embargo, todo me hace pensar que intervino.”

“Este hombre, que era hombre honrado y buena persona, tenía una tendencia a la violencia del militar que la había traspasado a su revolucionarismo.”

Lo cierto es que Nicolás Estévanez tuvo al menos un encuentro en Barcelona, antes de embarcar hacia Cuba, con Morral.

Alejandro Lerroux: “En la fecha indicada y utilizando los tranvías comparecimos en el restaurante don Nicolás y yo. Allí aguardaban Ferrer [Guardia] y otro sujeto, sin carácter que llamara la atención y que nos fue presentado de una de esas maneras que no dejan huella en la memoria ni de nombre ni de fisonomía.

Almorzamos. La conversación la llevábamos don Nicolás y yo, sobre todo, él. Ferrer hablaba poco y su acompañante parecía confuso y cohibido de verse entre aquellos personajes. Al concluir y a fin de no quebrantar el compromiso de exhibirse don Nicolás, nos dividimos en dos parejas para volver a Barcelona. Él y Ferrer marcharían delante, en un tranvía que los dejaría a la puerta del Hotel Oriente. El otro comensal y yo bajaríamos dos o tres tranvías después… Al llegar cerca de mi casa me despedí… «ya lo sabe, mande lo que guste. Mateo Morral».”

Nicolás Estévanez siempre negó su participación en el atentado. Sus Memorias publicadas terminan en 1878, desgraciadamente nunca publicó la segunda parte que ocuparía estos años.

Carlos Álvarez.

Nicolás Estévanez, Pensamientos Revolucionarios, Mateo Morral, Carlos Álvarez

Fragmento de: Nicolás Estévanez. “Pensamientos revolucionarios”. Editado por Hora antes editorial.

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  • Revista 7iM

    Comenzamos a tramar esta locura hace un año, animados por un puñado de amigos que nos susurraban al oído que la idea era buena, que el propósito era exagerado pero fascinante, que por lo menos diéramos el paso y que luego ya veríamos; que a veces las aves milenarias se dejan ver.

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