Patrimonio Audiovisual Canario, Cine, Lolita Pluma

Locos por el cine GC

En busca del patrimonio audiovisual de las Islas Canarias

Un vídeo de Lolita Pluma viraliza el primer proyecto de tres jóvenes investigadoras sobre colecciones cinematográficas canarias.


Patricia lee el periódico. Pasa las páginas lánguidamente y, de repente, abre los ojos, los achica y mira con detenimiento la noticia. Vaya. Lolita Pluma vuelve a las andadas. Ha saltado de una página de Facebook al papel, y galopa entre las redes sociales a un ritmo imparable. Ya se acumulan los comentarios, las menciones, casi 26.000 reproducciones, se oye el eco de las opiniones de quienes reconocen a una figura inseparable del Parque Santa Catalina o la rechazan por su histrionismo. Saca una foto y se lo envía a sus compañeras, quienes son las responsables de la difusión de estas imágenes grabadas en 16 mm y propiedad de Pedro Siemens. Así se han dado a conocer estas tres jóvenes y su proyecto pionero: Andrea Cárdenes, Patricia Hernández y Andrea Rivero con Locos por el Cine GC.

Todo empezó hará unos seis meses, arriba, en una colina con miras al océano desde donde se contempla la capital junto a las naves y el muelle del Puerto de la Luz, en el barrio de Schamann. Allí descansa una de las instituciones públicas probablemente más desconocidas por la población: Gran Canaria Espacio Digital. Su principal función es la conservación, rescate y divulgación del patrimonio audiovisual, y en sus entrañas reformadas contiene un salón para proyecciones, una mediateca, un estudio de sonido y una sala de exposiciones, ¿se lo imaginan?

Fue en este recinto, a través del programa Inserta de la Fundación Universitaria de Las Palmas, en el que se conoció este trío: una conservadora-restauradora, una historiadora del arte y una historiadora; las tres, gestoras de patrimonio. La formación recibida y las buenas migas hicieron que se decidieran a dar un paso más y presentarse al Concurso de Proyectos Culturales impulsado por el Cabildo de Gran Canaria.

Andrea Cárdenes, Patricia Hernández y Andrea Rivero. Foto de Carla Rivero.

Andrea Cárdenes se remonta a los inicios y explica como «esta idea surgió de la necesidad que tiene el Centro de tener una base de datos más completa de los coleccionistas que poseen este material en la isla». Un antiguo trabajador de Espacio Digital comenzó a dar las primeras punzadas de lo que ha terminado siendo un registro informatizado «con fotografías, así como especificaciones sobre el estado del material, cuánto tiene cada propietario, etc.». Además, aclara Andrea Rivero, descubrieron que entre estos propietarios había distintos perfiles, aparte de los coleccionistas, como «propietarios de cine y realizadores que desconocíamos. Por lo tanto, al final se decidió llamar al proyecto Locos por el cine GC. Catalogación de colecciones cinematográficas».

Los colaboradores provienen de distintos puntos de la isla: Luis Serrano, quien colecciona periódicos, revistas, programas de mano y películas; Manuel Ríos y Félix Moreno guardan una impresionante colección de proyectores de antiguos cines de la isla; y Serafín Marrero y su hija Mercedes conservan carteles, guías publicitarias y documentación del cine que él regentaba en Agüimes. Y en cuanto a Pedro Siemens y Andrés Tejera, atesoran películas rodadas por ellos mismos en Super 8, 8 mm y 16 mm como el fragmento de la entrevista a Lolita Plumas en la década de los 80.

Una ardua labor en la cual la coordinación entre las seis manos era fundamental para no volverse locas. «Sí que fue un poco caótico al principio, pero luego ya cada una fue acomodándose a su perfil», recuerda Patricia Hernández.

Sin duda, están poniendo los cimientos de lo que en un futuro se quiere plantear, adelanta Hernández, como «un museo sobre el cine y la historia del cine en Canarias, y esta es la parte por la que se habría de empezar: ver el material audiovisual que hay en nuestro entorno». Algo que no se emplaza con el boom actual de la industria cinematográfica en el Archipiélago, sino que se remonta décadas atrás. «La hoja de periódico más antigua es de 1942. En cuanto a piezas audiovisuales, en el caso de Andrés Tejera, tiene grabaciones del rally de Gran Canaria de finales de los 50 en blanco y negro», destaca Rivero. Canarias siempre ha sido un atractivo: «Nosotras, cuando estábamos investigando sobre la historia del cine del Archipiélago, pensábamos que esta eclosión venía de producciones como la de Furia de titanes, A todo gas 6 o Aliados, pero resulta que hay un boom entre los años 40 y 70, y otro anterior en la década de los 20 y de los 30 con la llegada de los realizadores europeos, especialmente alemanes, que venían a rodar aquí para hacer documentales en su mayor parte». «Ahora parece que sí se están poniendo un poco las pilas en relación al tema audiovisual con lo que está habiendo», matiza Hernández, quien, junto a sus compañeras, se preguntaba por qué había habido este vacío hasta ahora.

Foto: Carla Rivero

«Eso es curioso, se lo preguntábamos a los que visitábamos y sí que se conocen un poco entre todos, los que están en el mismo mundo. De una pequeña lista que teníamos nos iban proporcionando más nombres —de coleccionistas o propietarios—, pero realmente como que… faltaba algo», reflexiona Patricia, a lo que Cárdenes añade que es «una mezcla de muchas cosas. Por una parte, nos comentaron que ni el Ayuntamiento ni el Cabildo les hicieron caso en su momento, cuando les habían pedido asesoramiento sobre sus colecciones, y luego, el tema de la emigración. Tanto los directores como los intérpretes se tuvieron que ir fuera para trascender un poco más».

En estas visitas a los propietarios, tomando una carretera secundaria de ida y vuelta al pasado, se internaron en habitaciones grandes, pequeñas, repletas… Casi como altares de auténticos tesoros archivísticos a los que sus dueños han dedicado toda una vida. «El polvo, esa es una de las sensaciones más repetidas», ríe Hernández, y como para no haberlo. Entre las páginas de periódicos y las charlas, la historiadora del arte destaca la casa de Luis Serrano: «es terrera, curiosa, tenía una máquina de coser allí y nos contó un poco cómo se introdujo en el mundo del cine, que fue haciéndole una chaqueta a alguien para una película… ¡Era sastre!». Así siguió cosiendo y diseñando algún que otro vestuario de la época, relatan.

Se suma así a una larga lista de personajes de la industria fílmica que están en el anonimato. «Josefina de la Torre se dedicaba al cine como actriz de doblaje de Marlene Dietrich, luego quedan nombres como María Montez, Javier de Rivera o Carlos Quiney, quien interpretó al Zorro, a Robin Hood y a personajes de westerns», cuentan. Han descubierto piezas desperdigadas en los hogares que reconstruyen el pasado, aquellas tardes de ocio que entretenían a incipientes cinéfilos, como las filminas: «Son ventanillitas de cristal que tenía Félix Moreno, las cuales se ponían delante del proyector cuando se hacía el parón de la película para anunciar un “descanso”, o “próximos estrenos”. Tenemos unas imágenes en Facebook bastante bonitas…», detalla Cárdenes, en las que además se felicitaban las fiestas y hasta se prohibía fumar.

Hubo un tiempo en el que Yelmo y Cinesa no existían, pero sí un lugar llamado Cine Hermanos Millares, el Royal, Cine Sol, el Galaxy’s o el Cine Marrero. Rivero recuerda que «este último fue el primer cine fundado en El Doctoral por la familia de Serafín Marrero López. Años después, en 1972, fundó y dirigió su propio cine en el Cruce de Arinaga». En rincones como este se proyectaron las escenas de la ballena blanca Moby Dick (John Huston, 1956) que combatía contra Gregory Peck, un capitán Ahab poseído por la locura, en las costas grancanarias.

«A su vez, con su hija Mercedes, que es quien gestiona la colección del padre, descubrimos cómo funcionaba un cine por dentro, cómo se realizaba el alquiler de las películas por parte del propietario del cine para proyectarlas…». Para imaginarnos su interior ha sido de gran utilidad la recopilación de fotografías. Marrero contribuyó con fotos de su negocio mientras que Félix Moreno «nos cedió algunas correspondientes a las salas de Las Palmas de Gran Canaria y de la isla de Fuerteventura» para cubrir «ese vacío que hay, a mi gusto, de imágenes sobre cómo eran los cines antiguos».

El paso del tiempo y el desconocimiento ponen en peligro la supervivencia de las colecciones. «No podemos hacer mucho más que darles pequeñas pautas de conservación a los propietarios y, para el material hemerográfico que sí nos han donado, hemos comprado papel libre de ácidos para evitar el proceso de deterioro que, a menos que se trate, no se podrá frenar», explica Cárdenes, «por otra parte, se ha de entender que no merece la pena realmente invertir dinero en restaurar una hoja de periódico, más bien digitalizarlo, y que el original se preserve de la mejor manera posible para que dure». La digitalización. Otro cantar. Rivero confirma que «ahora mismo los compañeros van a enviar algunas películas de Andrés Tejera y de Félix Moreno a Barcelona para que se digitalicen allí».

Cada individuo es un universo aparte alimentado por los miles de fotogramas que se han ido acumulando en el hipocampo. Hay quienes son víctima de la pena cuando deciden donar su material cinematográfico, «como le pasó a Luis Serrano, es el trabajo de toda una vida, pero, ¿qué pasa? Es un señor mayor, y su hijo aunque sea realizador tampoco está muy interesado en conservar todas esas pertenencias», dice Cárdenes, a lo que Rivero añade que se puede distinguir entre dos variantes de propietarios. «A un lado, como Luis, están aquellos que no se quieren deshacer del material y han intentado donárselo o cedérselo a instituciones públicas, y otros que, como nos decía Pedro Siemens, se los llevan a la tumba. No sabemos hasta qué punto esto último se cumple», aclara entre risas.

Si hablamos de qué opinión tienen al respecto de la existencia o no de un cine canario, se miran entre ellas y Rivero lo deja claro: «La pregunta eterna». Se ha encontrado en algunos documentos que «ya se discutía desde los años 60 y 70 sobre si podía existir como tal». Patricia, tras estos meses, concluye que «realmente es canario porque está hecho aquí, pero no creo que tenga una identidad propia como decir el cine francés, que tú lo ves doblado y dices ‘es que esto es una película francesa’. O una inglesa, o una española. Hablar de cine canario con una identidad clara, no lo veo. Además, tampoco hay tantos apoyos ni una infraestructura tan grande como que se pueda hablar de ello».

Otro motivo es la emigración forzosa de quienes se han dedicado al séptimo arte. «En varios casos, sus producciones se realizaron fuera y muchos canarios no los conocen. Sí se podría decir que se puede hablar de cine canario bajo el punto de vista de que hay un interés por parte de la sociedad por producirlo, y hay nuevas iniciativas como la Asociación Cineastas de Canarias Microclima que se dedica a ello, pero con respecto al espacio geográfico es difícil poner el límite», puntualiza Cárdenes.

Foto: Carla Rivero

Una isla que vive, respira y transmite cine, de manera más o menos conocida, a veces sesgada y apenas vislumbrada por sus habitantes. El proyecto ha cumplido con sus objetivos: se ha llegado a los propietarios y, con ello, ampliado y completado la información de sus colecciones. Ahora, sus expectativas se amplían puesto que «tenemos conocimiento de que hay más coleccionistas a los que, por falta de presupuesto, o tiempo, no hemos llegado, y eso que hemos podido abarcar más de lo que se había planteado» y un deseo sería «que el año que viene pudiese haber una segunda parte. Todo estaría en ver si el Cabildo tiene interés en que el proyecto continúe».

La semilla está sembrada y pronto se expondrán los resultados en el Día Mundial del Patrimonio Audiovisual, en las jornadas que se celebrarán en Gran Canaria Espacio Digital el próximo mes de octubre, donde estas tres jóvenes investigadoras enseñarán a la sociedad canaria los antiguos pasos de esta pasión cinéfila.

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  • Carla Rivero

    Las Palmas de Gran Canaria, 1996. Estudiante de Periodismo por la Universidad de la Laguna y autodidacta por experiencia. Después de unos años viviendo en Barcelona, decidió que era hora de dar rienda suelta a su pasión por la escritura y la información, y ahora se encuentra en busca de nuevas historias. En sus ratos libres, se dedica a tocar el tenor, redactar noticias en el periódico PULL y a colaborar con la revista 7iM.

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