No quiero hacerte sufrir

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No quiero hacerte sufrir

Nereida Naranjo

Me llamo Montse. Tengo treinta y tres años y soy gorda. Bueno…, vale, no quiero que te sientas mal. ¿Cómo prefieres que lo diga? ¿Gordita? ¿Rellenita, tal vez? ¿Obesa y así suena más técnico? Elige tú.

¿Ya? Vale. Estoy en un centro comercial paseando mis ciento setenta kilos con andares lentos y cierto balanceo. Respiro de forma agitada e intento refrescarme con mi abanico. ¿Qué piensas al verme? Te doy algunas pistas. Si me voy comiendo una manzana, tus ojos me dicen «Mírala, qué pena. Está a dieta. Uf… Todo lo que le queda». Si me ves relamiendo un helado de tres bolas y extra de sirope de chocolate, con tu mirada me recriminas «Joder, pero esta tía… ¿No se da cuenta de cómo está? ¡Normal que parezca un tonel!». Aunque espera… que también hay quien mira con carita de lástima y piensa «Pobre. Un día de estos va a estallar». Es entonces cuando me gustaría romper con el estereotipo de gorda sonriente y gritarte «Cuídate de no estar cerca ese día». Pero no lo hago. Por supuesto que no. Porque lo último que deseo es que te sientas mal.

Con el paso del tiempo, aparte de redactar un decálogo preventivo para extraterrestres y así evitarles humillaciones ante miradas reprobatorias si se les ocurre poner un pie en la Tierra, he aprendido a sacar provecho de mi sobrepeso.

Cuando salgo de excursión con los amigos —en coche claro. Eso de caminar, poco o nada—, siempre me toca ir de copiloto. «Porque abulto menos», digo. Así nos reímos todos con mi frase hecha y nadie sufre pensando que ha de compartir el asiento trasero conmigo desde Las Palmas hasta La Aldea.

Eso sí: aunque camino poco soy una experta en todos los deportes olímpicos. A nivel teórico, claro. En el instituto, mientras mis compañeros sudaban la gota gorda en clases de Educación Física, yo, sentadita a la sombra, preparaba mis trabajos sobre el deporte que tocara esa semana, vestida como una más, con mi chándal y mis playeras, para intentar protegerme de sus miradas envidiosas y despectivas… Porque al final era yo quien sacaba mejores notas.

Y si vamos a un restaurante no solo presido la mesa, con la comodidad que eso supone. También me toca cerca del ventilador, no sea que me ponga a sudar como un pollo y eso arruine tu cena.

Porque lo último que deseo es que sufras. Ya las miradas inquisitivas, los desplantes de la dependienta que no me vende leotardos porque «¡Las gorditas no tienen frío!», o las dietas que funcionan a las mil maravillas que me ofrece una persona cualquiera en mitad de Triana, me las trago yo: Montserrat. Montse, para los amigos. La chica de la eterna sonrisa que no contempla la posibilidad de rebelarse contra el estereotipo de gorda alegre y feliz, que no desea ponerte en un compromiso y obligarte a pensar cómo me siento con tus miradas. Porque, aunque niegues mi existencia, y me duela a mí tanto como a los que me quieren, lo último que deseo…

… Lo último que deseo es hacerte sufrir.


Fuentetaja-Las Palmas

Nereida Naranjo (Gran Canaria, 1979). Trabajadora Social. Entusiasta lectora y, desde hace dos años, aprendiz de escritora. En 2017 obtuvo un accésit en el IV Concurso de Diarios de Viaje ‘Nómadas’, de Radio Nacional de España, con el relato «Veintisiete de abril de 2014». Nómadas – Concurso de diarios de viaje 2017 – 15/10/17 – RTVE.es (minuto 11.50).

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    Talleres de Escritura creativa en Las Palmas de G.C. coordinados por el escritor Carlos Ortega Vilas

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