Un abreboca de Sant Jordi en Vilafranca del Penedès

Cada año la Llibreria l’Odissea pone en marcha la celebración de Sant Jordi en Vilafranca del Penedès, en un encuentro de lectores y escritores que se juntan en la calle para «calentar motores» de cara a la festividad de Sant Jordi. Esta es la cuarta ocasión en la que los libreros organizan un espacio que nos acerca a la literatura.

***

«Viajar en tren en el sentido de la marcha o de espaldas a ella». Una cuestión que plantea el escritor peruano Julio Ramón Ribeyro en una de sus singulares Prosas apátridas, estableciendo diferencias en la experiencia que vive el pasajero según la posición que adopta su cuerpo en el vagón. Es que, aclara, aunque siempre estemos ante la misma cantidad física de paisaje, la impresión que tenemos de él es distinta. «En el primer caso, el viajero sabe que se está acercando a un sitio, cuya proximidad presiente por cada nueva fracción de espacio que se le presenta; en el segundo, sólo que se aleja de algo».

Una sensación semejante de pérdida, de lejanía, de separación, es la que experimento en el trayecto de vuelta a Barcelona. A diferencia de lo acostumbrado, obviando mi tendencia natural de atrapar las imágenes que llueven en secuencia hasta que desaparecen, rechazo la oportunidad de sentarme en el puesto de enfrente. Prefiero, en este momento, quedarme de espaldas al camino que se me ofrece, y elijo verlo solo a ratos, de reojo, quizás porque no quiero que Vilafranca del Penedès, ni lo que acabamos de vivir, se me borre de la retina.

Era la primera vez que recorría este pueblo y me paseaba por algunas de sus calles y plazas, por sus esquinas a veces solitarias, a veces plenas de árboles y personas, en una aventura emprendida con los escritores Laureano Debat y Álex Chico, junto a Olga Martínez y Paco Robles, editores de Candaya. Esa mañana, apuraditos, salimos de la Carrer de la Bòbila 4, en Poble Sec, y compartimos un viaje en carro que se esfumó en medio de la búsqueda de nombres atractivos para nuevos proyectos, las risas por los chistes que evidencian el aparente egocentrismo de los argentinos y las contrariedades que provoca pertenecer a los innumerables grupos de WhatsApp. En fin, una conversación llena de matices, como todo lo que desde ese instante saldría a nuestro paso.

Día del libro, Sant Jordi
Laureano Debat, Olga Martínez, Paco Robles y Álex Chico arribando Vilafranca. Foto: María Laura Padrón.

Cualquier razón es buena para visitar Vilafranca del Penedès. En esta oportunidad, sin embargo, se debe a un acontecimiento concreto: Sant Jordi, las fiestas de Sant Jordi, la máxima celebración que engalana toda Cataluña, en especial Barcelona, de rosas y libros, el amor en forma de letras inundando el aire. Antes, me cuentan, los libros eran para los hombres y las rosas para las mujeres. Ahora, las cosas cambiaron: todos y todas se regalan libros, pues leer no es solo de hombres. Qué alivio, pienso, a mí que no me embromen con una rosa… En fin, más allá de este detalle ¿insignificante? entiendo que es un día en el que la ciudad y los amantes (o no) de los libros enloquecen, se tropiezan, se arrejuntan.

Es cierto que todavía no es 23 de abril, pero somos bastante afortunados y nos toca probar una pequeña dosis de lo que sucederá en esa fecha tan significativa. Un abreboca, un aperitivo, una especie de antesala a la gran fiesta de los catalanes. Digamos que se trata de un Pre-Sant Jordi, un evento alternativo que encuentra espacio en zonas de la periferia para que toda la experiencia excitante, apabullante, no se quede únicamente en las Ramblas de Barcelona sino que también llegue a otros rincones.

Espacio para el encuentro con los libros. Foto: María Laura Padrón.

A esta costumbre se sumó la Llibreria l’Odissea, quien por cuarto año consecutivo reúne a una quincena de escritores y escritoras que visitan la capital para conversar con los lectores, presentar sus libros y pasar un rato con aquellos que se acerquen: desde aficionados a la lectura hasta transeúntes curiosos que se detienen al pasar por allí. La intención es que durante la velada, los asistentes conozcan de primera mano cuáles son los principales libros para el día de Sant Jordi que está próximo a llegar y así intercambiar impresiones con sus autores, en un actividad viva, real, como la literatura misma.

Con este escenario nos topamos cuando arribamos Vilafranca. A lo largo de la Carrer de La Font las mesas, el sonido, los libros, están dispuestos para que arranque el evento. Aún es temprano, así que aprovechamos el tiempo y damos una vuelta por la Plaça més Castellera, donde todos los sábados montan un mercado. Allí, caminamos en medio del bullicio, perdidos entre el bacalao y las aceitunas, las hortalizas y el jamón. En tanto, Paco explica que en esa plaza se celebra cada año la tradición de los castellets, la formación de inmensas torres humanas, muy popular en los pueblos de Cataluña. Atravesamos los puestos y, guiados por Olga, entramos a «El Coro», el entrañable café de la Societat Coral «El Penedes», un lugar que nos hace volver la mirada.

Día del libro, Sant Jordi
Álex Chico, Olga Martínez y Laureano Debat a las afueras de «El Coro». Foto: María Laura Padrón.

Al regresar, nos reunimos con el escritor Daniel Jándula, malagueño adoptado hace unos años por Vilafranca. Las mesas están servidas: patatas, galletas, aceitunas, maníes. «¿Vermut, agua o cava?», nos preguntan. Casi todos nos decantamos por el cava. Y en seguida, Pep Garcia, librero de l’Odissea empieza a presentar a los escritores que acudieron a la cita. Entonces, uno por uno hablan de sus libros, y aunque el idioma que predomina es el catalán y no logro enterarme de mucho, sí que logro descifrar y atajar alguna que otra frase. Una de las más resonantes: «La literatura no tiene patria, ni tierra».

Esas palabras, contundentes, se transforman en certeza cuando escucho a los narradores, poetas, periodistas, ensayistas, y los veo allí delante, provenientes de distintos lugares, comunicándose en diferentes lenguas y obsesionados con temas particulares. La catalana Clara Queraltó, premio Mercè Rodoreda 2017, habla de sus cuentos recogido en El que pensen els altres, se pasea por «las putadas» que nos suceden en la vida y el empeño por saber cómo nos miran los otros. El extremeño Álex Chico, testigo prolongado de la comunicación que se produce entre el observador y lo que se se observa, autor de Un final para Benjamin Walter, introduce un libro que muestra cómo podemos leer el pasado a través del presente.

Más adelante, Llucia Ramis, ganadora del Premio Anagrama de Novela en catalán por Les possessions, relata la contrariedad que significa prescindir de las cosas que no podemos preservar. Daniel Jándula, autor de Tener una vida, plantea los verbos en infinitivo despertar, temer, caminar, como algunas de las palabras con las que realmente puede definirse la existencia. Luego, el argentino Laureano Debat, presenta sus crónicas reunidas en Barcelona inconclusa, el libro, no guía turística, que le hubiese gustado leer cuando llegó por primera vez a esta ciudad.

Cada uno, con sus palabras, despierta el interés de la gente que, mientras tanto, se acerca a la mesa y hojea los libros protagonistas de la velada. Cuando acaba la participación a micrófono abierto, aprovechan para conocer a los escritores, pedirles que firmen sus libros e intercambiar impresiones acerca de las obras. Algunos entran a la librería, se encargan de revisar los estantes y dejarse llevar por la manía irreparable de sucumbir ante una nueva historia. Es un momento en el que todos conversan con todos, es raro que alguien sea solo un espectador. Incluso, uno que otro curioso, asomándose, pregunta qué está pasando allí. A esas horas, también me reconozco sorprendida, cautivada, e inevitablemente me regocijo en el carácter unificador de la literatura.

Día del libro, Sant Jordi
Los escritores y escritoras que participaron en el encuentro. Foto: Paco Robles.

Al terminar el encuentro, entusiasmados, decidimos alargarlo y recorremos el centro en busca de un lugar donde comer y tomar algo. En el andar, Olga y Paco; Conchi y Rafa (amigos de los primeros); Laureano y yo, nos decantamos por unos bocadillos, gin tonics y cervezas. La fiesta, entonces, continúa en la mesa: comiendo, hablando, bebiendo, riendo. En algún punto de la conversación, donde aparecen temas que van dando tumbos, salta una cuestión verdaderamente seria: cómo es posible que el día de Sant Jordi no esté declarado como no laborable, si en Cataluña es una fiesta nacional. Un reclamo a propósito de las expectativas que cada uno tiene de cara al próximo lunes 23 de abril, pues desde ahora es importante planificar cómo se vivirá la festividad, dónde se disfrutará, cuál será el itinerario a seguir. En fin, que nadie quiere perderse «el bonche», como dirían en mi tierra.

A lo largo del Carrer de la Font las personas disfrutaron del encuentro. Foto: María Laura Padrón.

La tarde transcurre ideal, lo que provoca es quedarse, pero este sarao no puede prolongarse. Laureano y yo, que debemos volver a Barcelona, nos percatamos de la hora. Nos toca volver, así que nos apresuramos para no perder el tren. Sin problemas, embarcamos en un viaje silencioso que se escurre entre cavilaciones ¿profundas?, unas cuantas cabeceadas a causa del sueño y el palpitante recuerdo de las vivencias todavía recientes. Una particularidad infalible de los retornos es que en los trayectos de vuelta el tiempo parece encogerse. Tanto que ni siquiera nos damos cuenta de que hemos llegado a la estación de Sants y, medio adormilados, logramos salir del vagón y volver a tierra.

Ahora, remontándome a esa breve estancia en Vilafranca del Penedès, retomo la alegoría del pasajero que se sienta con el paisaje detrás o de frente. Una metáfora de la que Julio Ramón Ribeyro se vale para señalar a las personas que, en la vida, parecen viajar de espaldas y no saben dónde van, ignoran qué les aguarda. Difiero, Julio Ramón. Sí, esta vez viajo de espaldas, y es persistente, profunda, la impresión de que me alejo, de que me fugo, pero sé bien que no quiero tardar en volver, sé bien que Vilafranca del Penedès me espera.

Sant Jordi, Día del Libro, leer
En el tren. Foto: María Laura Padrón.

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  • María Laura Padrón

    Valencia, Venezuela, 1992. Transeúnte y periodista. En la búsqueda permanente de las historias detrás de los rostros, gestos, pisadas. Haciendo malabares en este mundo circense, en el que aspira jamás perder la capacidad de asombro ante lo que, en apariencia, resulta nimio. Su trabajo periodístico ha sido publicado en los diarios venezolanos El Nacional y Notitarde y en la revista digital Clímax. En España, en El Plural y Diario16 y en la revista penúltiMa.

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