Chinos, Martín Parra, Gentrificación,

Sobre algunos chinos vallecanos

He llegado hasta esta calle de la Concordia porque recuerdo el mismo trazado de tantas veces; de pies no se cambia tan fácilmente y los pies tienen su memoria. Esto es normal.

Normal es, también, que habiéndome sugerido para escribir un pequeño reportaje acerca del barrio ─la proliferación de negocios chinos, el cierre de otros tantos de carácter familiar-tradicional─, yo me encuentre paseando por sus límites, con la libreta en la mano y la lupa de las excepciones. Normal, ¿no?

Y la sensación de embargo al no reconocer aquella comunicación barrial con sus comerciantes, cuando en el Mercado Municipal, por el Puente, Venancio te pesaba el medio kilo resonando muy ameno la operación maxilar de su señora, «mi señora, mi Santa, ahí va, con el genio torcido; ¿cuánto de pescadilla? Las rabas, a ochocientas», o «Aquí todo a peso justo, señores. El cebo es el que engaña, no el pescador ni la caña».

¿Cuánto de normal?

La sensación, ya digo, de encontrarse hoy ante una de esas inteligencias artificiales que tanto anuncian los apocalípticos, en llegando al Alimentación deslucido, acartonado, mal iluminado, con la idea segura de lo que se tiene que comprar; con la esperanza de que no le asalte a uno una pregunta de pronto, una duda sobre el género, porque la inteligencia artificial no entiende compasiones. Ni el castellano. Si alguna vez he imaginado vida en otros planetas, y tal vez sugerido por algún documental serio sobre el tema, he pensado que ésta sería así: inteligente, mecánica, cazadora.

¿Seríamos un poco así nosotros?

Pero no hay que mirar sólo aquí al vecino chino, o al pakistaní. A quién puede valerle ya la frase hecha, tan usada, el: «esa gente es que no duerme», y el palo del churrero. Estamos cansados ya de la autocomplaciencia aunque lleguemos a comprender algunos de los reproches que se les hacen a quienes doblan turnos, abren festivos y racanean el cambio. Cansados de la autocomplacencia que nos sitúa, crédulos, del lado de lo aparente, y furibundamente en contra del más fácil de carné.

Estamos cansados, algunos, del sello patrio del oportunismo, de las decisiones sujetas al cohíba y al gintonic lúbrico con Svetlana, en Vallecas o en Hortaleza, da igual. E, insisto, crédulos en la propaganda, en la cortina de humo contra el fumador asiático ─¡aunque me racanees el cambio!─, cuando los acreedores de nuestra bilis, y de este chovinismo cutre, ya sabemos dónde comen.

Y es aquí, en la calle de la Concordia, adonde he llegado en un rato de piernas seguras, frente a la Casa del Pueblo de un reconocido partido político, en que leo el anuncio de próxima apertura, sí, en este mismo espacio, del primer MULTI-ASIA con sección “subasta de arte”, para deleite de escépticos.

¿O es que, qué te parece a ti, Venancio, es fruto de mi imaginación?

Sobre algunos chinos vallecanos, Chinos, Martín Parra, gentrificación

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  • Nació en Madrid en 1986. En otra vida, hoy borrosa, se licenció en Historia y tuvo dos hijas, probó la fiebre y paseó barrios portuarios. Ha publicado las novelas Un insólito día para Silvestre Mendo (Araña Editorial, 2013) y Epitafio para Heilipus (Queimada Ediciones, 2015), así como el ensayo Licaón o Guía ontológica para los muy emo (Araña Editorial, 2013), el poemario Corruptia: aforismos desde la trinchera (Queimada Ediciones, 2014) y la colección de relatos Bloggerías (Corona Borealis, 2016). Su última publicación se trata de la novela Camille. Viñeta amorosa (Queimada ediciones, 2017).

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