Referéndum de Cataluña 1-0, 1 de Octubre

Crónica de un referéndum anunciado

Diez fechas para la contextualización de la vorágine en la que vivimos.

• 28 de junio de 2010: el Estatut de Autonomía es rechazado por el Tribunal Constitucional, el cual había sido refrendado por los catalanes en el referéndum celebrado el 18 de junio de 2006. Esto se produce cuatro años después de la presentación del recurso de inconstitucionalidad por parte del Partido Popular el 31 de julio de 2016.

• 20 de noviembre de 2011: elecciones generales. El PP gana las elecciones con mayoría absoluta.

• 11 de septiembre de 2012: el comienzo del independentismo “moderno”. La Asamblea Nacional de Cataluña convoca una manifestación multitudinaria e independentista, en protesta por la sentencia al Estatut de Catalunya.

• 20 de septiembre de 2012: Artur Mas, president de la Generalitat de Catalunya, propone un pacto fiscal al Gobierno español, presidido por Mariano Rajoy. Es rechazado.

• 9 de noviembre de 2014: se realiza el primer referéndum ilegal catalán no vinculante. Dos millones trescientas mil personas acuden a las urnas, y un 80’76% de los concurrentes votaron “Sí” a la independencia.

• 27 de septiembre de 2015: elecciones autonómicas en Cataluña. Vence la coalición Junts pel Sí con 61 diputados y reciben el apoyo de la CUP. Carles Puigdemont se convierte en president de la Generalitat.

• 20 de diciembre de 2015: elecciones generales. Gana el PP pero no consigue apoyos suficientes para formar el Ejecutivo. Se convocan segundas elecciones.

• 26 de junio de 2016: elecciones generales. Vuelve a ganar el PP, contando esta vez con el apoyo de Ciudadanos y los nacionalistas.

• 17 de agosto de 2017: atentados de Barcelona y Cambrils. A pesar de la efectiva actuación de los Mossos d’Escuadra, hay un clima de crispación entre Gobierno y Generalitat.

• 11 de septiembre de 2017: celebración de la Diada, y disparo de salida para el 1-0.

***

A tres días de la convocatoria del referéndum popular, declarado inconstitucional, con millones de papeletas incautadas y las directrices de la Fiscalía impuestas para frenar el impulso secesionista, desconocemos qué será de la autonomía catalana y de las responsabilidades gubernamentales después del 1-O.

En Cataluña no se sabe qué va a pasar. Se desconoce absolutamente cuáles serán las consecuencias del choque entre los que declaran “No tinc por” y los que esgrimen la ley ante todo.

Hay varias preguntas en el aire: ¿Se suspenderá la autonomía catalana? ¿Los más de 2.000 efectivos policiales emplazados en Barcelona utilizarán la fuerza para impedir el voto? ¿El pacifismo y movilización del pueblo catalán, tantas veces ensalzado, se romperá? ¿A qué se refería el presidente Mariano Rajoy cuando dijo «nos van a obligar a lo que no queremos llegar»? Y finalmente, ¿habrá diálogo antes del domingo?

Lo que parece claro es que una mayoría de la sociedad  catalana —independientemente de que su intención fuera ir a votar o no— ha tomado como una afrenta las medidas judiciales y policiales que se han emprendido por parte del Estado a lo largo de estas dos últimas semanas. Acciones que han terminado por empujar a muchos a decidir entre el Estado y Cataluña, si es que ya no lo habían hecho. Todos hablan de diálogo, pero nadie dialoga. La vigilancia constante para prever los pasos que dará el otro solo provoca más confusión y rabia, ningún signo de que se pueda llegar a un acuerdo.

Posicionamiento político y periodístico vuelven a ir de la mano —nada extraño, por otra parte—, lo que tampoco ha ayudado mucho a la comprensión de las razones de unos y otros, de los hechos que nos han llevado hasta este panorama. El circo mediático está servido.

Ese grupo de personas entonando «¡A por ellos, oé, oé!» para despedir a los miembros de la Guardia Civil que parten a Cataluña, no representa a nadie, o quizá sí. El vídeo difundido por el Gobierno titulado Hispanofobia solo puede representar a quien lo publicó. Pero ambos esperpentos nos recuerdan que la España más rancia e ignorante está presente hasta en las más altas esferas del Estado. Una imagen, cuanto menos, escalofriante.

Sin embargo, aún queda espacio para la esperanza, un hueco para la lucidez política. Un ejemplo de verdadera política lo dieron Manuela Carmena y Ada Colau el pasado 19 de septiembre en una entrevista en el programa El Intermedio. «Cuando hay una crisis en la democracia se combate con más democracia», sentenció Carmena. Simple y complejo, pero posiblemente sea el único camino.

La política era eso: diálogo en democracia.

Y el periodismo: el relato del diálogo en la democracia. La crónica que supone el retrato social que empodera a sus ciudadanos para que estos sean críticos, consecuentes y, gracias a ello, tomen las decisiones adecuadas, no según quién, sino según el qué.

Referéndum de Cataluña 1-0, 1 de Octubre
Barcelona, 28 de septiembre 2017

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