Real Life?

Real Life?

Mar Caballero 

Two days for your death

and two days until mine

Anne Sexton

Lee sus poemas arropada con la manta como cada noche. Lleva semanas, desnuda de promesas, con sueños de zapatos y vestidos… Y, al despertarse, sus manos se hallan repletas de minúsculos objetos de colores. Los mira y los guarda en el fondo del cajón, detrás de los pañuelos y las notas garabateadas. Se despereza. Saca los dos pies de la cama. A la vez tocan la alfombra roja y la planta del izquierdo tropieza en duro. Cada mañana el mismo gesto, cada mañana el mismo tropiezo… Con la mueca acostumbrada en el labio superior, empuja con el pie la lentejita naranja que rebota en el zócalo.

Rutina. Ducha, café y… a esperar. Esperar sentada todo el día a llenarse de palabras nuevas y vivas. Arrastrar la soledad fuera de la cama. Ensayar su existencia fallida. Aceptar que nunca estará contenta.

En esta nebulosa inicia el día e intenta recordar de dónde procede el desaliento. Llueve. El cielo se muestra sucio. Gris, incluso negro. La lluvia cae sobre la uralita del garaje improvisado en su viejo apartamento. Puede oírla. Se detiene un instante en esa contemplación sonora. La resonancia es cada vez más rítmica y fuerte, como un tambor, piensa. El golpeteo del granizo se mezcla en su frío. Distraída recorre la estancia, se sienta, espera, fuma. La comida se cocina sola.

¿Crees que podrás escapar?

Incapaz de saberlo, intenta huir de las tinieblas. Mira de reojo el fuego en el instante en que suena el móvil. Aprieta la tecla y contesta.

—¿Qué quieres?

—Saber si estás bien.

—¿Acaso no lo sabes…?

El redoble del silencio llena la comunicación. Desea ruido. Retrocede al otoño. Tumbada, abandonada en la hierba que comienza a amarillear. Sol en sus pies blancos, la mirada abajo, la falda por encima de los muslos. Ella… Besos. Llora. Se levanta.

—Estoy aquí. Quédate —le susurra—. Tengo frío…

—¿Por qué lloras?

Vive con el sustento de los sueños. Imagina su respiración bajo las sábanas. Sudorosas. Juntas durante horas. Vivas. Luego el temido «te llamaré más tarde». Mentiras, una tras otra, destructivas. Mentiras envolventes de fracaso. Decepción irreversible. Nunca contenta y a la vez contenta con poco. Apertura a los pequeños objetos de colores.

¿Desde cuándo? —se pregunta—. Desde Elena, creo.

De manera automática enciende la radio. Las noticias irrumpen en la casa. Cesa el granizo, vuelve la llovizna mansa. Se asoma a la ventana y recuerda las conversaciones banales de Elena mientras escuchaba cualquier cosa a través de los altavoces. Elena frivolizaba la vida. No existía en su vocabulario la palabra tragedia. Ahora ese término se impone en cada rincón, tan presente que asfixia. Aire, la vida está hecha de aire, un soplo y ya está. Pero ¿cómo airearse si solo existe humo?

Con la cuchara remueve el arroz. El domingo roza ya las cinco de la tarde. No tiene hambre. Sostiene la mirada en su mano, deja la cuchara, coge la copa. Comienza a oscurecer. Vuelve a la cama bajo la manta que abriga y consuela. Permanece unos instantes tumbada. Luego, abre el cajón de la mesita de noche. Observa su interior. Está vacío. No consigue comprender. Rebusca. Se destapa. Regresa a la cocina. Huele a quemado. Apaga la vitrocerámica. Abre la ventana. Sale la pesadumbre. Entra la lluvia.

Vete allí. Allí no necesitarás nada y te sentirás bien. Te gustará descansar y dedicarte únicamente a soñar. No tengas miedo. Conoces el camino, no te perderás.

De nuevo el móvil interrumpe. La lluvia. La tragedia de Elena. Naranjas, rojos… Objetos menudos disfrazados de vida. Vestidos, zapatos, boda, blancos, sol.

—¿Sí…?

—Te necesito.

—No sé… ¿Y luego?

—Luego, ¿qué?

—¿Volverás? —duda.

—No me he ido.

—¿Me dejarás?

—Nunca.

Real Life? - Ficciones - Fuentetaja - 7 Islands Magazine
Bar Newton, Berlín / Fotografía de Mar Caballero

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Mar Caballero nació en Las Palmas de Gran Canaria, ciudad en la que vive y trabaja. Ser lectora, soñadora y un poco cuentista le impulsa a escribir. Ha asistido a varios talleres de escritura creativa en los últimos años, entre los que se encuentra el de Fuentetaja.

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  • Mostrar comentarios (1)

  • Arminda

    Se puede paladear la tristeza y la desesperanza. ¿Al final hay un poco de luz?

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